12/10/14

Verdadera magia, la tuya.


No acudes a mí esta noche y yo esta noche me derrumbo. Te espero. Y te espero. Y te espero. El dicho popular del que espera desespera se vuelve más real que nunca. Me entran ganas de arrancarme la piel por no poder causar desgaste en la tuya. No hay nada como querer y no saber, y yo no sé nada de ti. Y, tan lejos como estás, difícil sería saber algo.

El hecho de que cuando yo esté despierta tú duermas también dificulta las cosas. Pero aun así los dos hacemos un esfuerzo por querer y por querer saber. Por favor, no dejes de hacerlo. No sé si el amor debe ser egoísta. He oído por ahí que no. Sin embargo, te pido egoístamente que no me dejes, que no se te enganche un pie en la red y te caigas al mar con los demás peces. No te vayas para siempre. A cambio, dejaré de ser egoísta.

Compartiré generosos secretos entre susurros al abrigo de la noche, como ahora ya hacemos los dos, solo que esta vez serán susurros de verdad, de los que se escuchan al compás del delicado movimiento de mis labios, estos que nunca has probado y que están sedientos de ti.

Cuidaré generosamente de ti. No sé si lo haré como nadie. Quizás alguien podría cuidarte mejor. Lo que sí que tengo claro es que yo no podría cuidar a nadie mejor que a ti. Espero que eso te baste.

Y mi aliento se materializará en generosas palabras, apenas audibles, allá en el roce con los lóbulos de tus orejas para hacerte saber que ya estoy cerca, más que nunca. Al fin. ‘Aquí estoy. Te voy a salvar como tú llevas haciendo mucho tiempo’, oirás entre suspiros de placer. Y es que… ¿qué otra cosa se puede sentir contigo si no es un profundo y absoluto placer?

Lo confieso: pese a que me gusta lo que en mí sucede siempre que me escribes, a veces pienso que quiero que dejes de ser el estímulo orgásmico de mis pensamientos para pasar a ser mi orgasmo real. No solo quiero que te fundas en mí; también quiero derretirme en ti. Quiero que nos consumamos juntos de calor. Juro que entonces sabrás que estás a salvo. Yo ya sé que lo estoy cada vez que me escribes. Te noto tan cercano siempre…

Estás justo en la parte opuesta del globo; es extraño que te note tan cercano como te noto. Aunque no lo suficientemente cercano. Maldita sea, siempre tengo bastante contigo pero nunca tengo bastante de ti. ¿Sabes qué? En ocasiones me dan ganas de chillarte que te pongas cabeza arriba de una vez porque, viendo la reacción que desencadenas en mí cabeza abajo, no quiero ni imaginar de lo que serías capaz encontrándote cabeza arriba. Bueno, mentira: sí quiero imaginarlo; de hecho, lo hago. Cierro los ojos y te beso. El problema es que desde lejos sabes a almohada.

He de darte la enhorabuena, ¿sabes? Mi cotidianidad se ha vuelto adictiva por estar tú en ella, si bien estás sin estar. Y, presente o ausente, has logrado que no conciba rutina sin ti. Esto es como quien mete unos misteriosos polvillos en el vaso de una chica cuando ella está bailando y, a partir de ese momento, ella se rinde a sus pies debido a los efectos mágicos que, tal como advertía Campanilla, este tipo de polvillos poseen. La única diferencia es que tú no necesitas añadirlos, los llevas espolvoreados por toda tu cabeza y tu todo cuerpo. Ni que decir tiene, pues, que esta chica se rinde ante tu magia, que me toca sin tocarme, me provoca sin provocarme y me alegra y me entristece al mismo tiempo.

 

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Ya que entro, comento.

It's never quite right, he said, the way people look,
the way the music sounds, the way the words are
written.
It's never quite right, he said, all the things we are
taught, all the loves we chase, all the deaths we
die, all the lives we live,
they are never quite right,
they are hardly close to right,
these lives we live
one after the other,
piled there as history,
the waste of the species,
the crushing of the light and the way,
it's not quite right,
it's hardly right at all
he said.

don't I know it? I
answered.

I walked away from the mirror.
it was morning, it was afternoon, it was
night

nothing changed
it was locked in place.
something flashed, something broke, something
remained.

I walked down the stairway and
into it.

-Charles Bukowski.