Toda
la filosofía platónica tiene por objetivo último el diseño de una
metodología infalible para erradicar la injusticia del mundo. Así,
Platón, indignado por la situación política de su Atenas natal,
crea un sistema educacional mediante el ejercicio del cual cree
posible poner solución a la maldad o egoísmo. Su propuesta es bien
sencilla: establecer una jerarquía sobre todo lo que existe en la
que el ser humano no se encuentre en lo más alto sino que lo haga el
"modelo a seguir" para todos nosotros en todas las cosas
-un modelo a seguir común-, de manera que la humanidad camine en
dirección a la unidad que el modelo provee, y no en distintas
direcciones según intereses personales, puesto que esto último solo
enfrenta y enemista a las personas. Es decir, trabaja en pos de la
unidad, que él identifica con la paz, la armonía y la verdad, y
también, por tanto, en detrimento de la diversidad, situando todo lo
material, con sus diferencias, por debajo de lo conceptual, que no
admite variaciones y por ello no ha de dar lugar a confrontaciones de
ningún tipo.
Algo
muy parecido ocurre con las religiones monoteístas: establecen un
modelo perfecto representado por un dios o una "Idea de
Perfección", como la llamaría Platón, para dotar de un
sentido a la vida, para que todos los creyentes vivan sus vidas con
unos mismos objetivos, tratando de alcanzar una única perfección, y
sin dar cabida a enfrentamientos de intereses. Al igual que vamos a
algún sitio dado teniendo el mente el destino antes de echarnos a
andar, del mismo modo las religiones monoteístas y las leyes de un
determinado país, hechas por políticos -de ahí el interés de
Platón por que los políticos participaran de la Idea-, confeccionan
un "destino final", una idea concreta de lo que es justo y
de lo que está bien, a fin de que, conceptos tan abstractos como lo
pueden llegar a ser estos, no dejen margen a la interpretación
subjetiva en aras de lo que a cada cual convenga. Por consiguiente,
tanto la filosofía platónica como las religiones promueven el
sacrificio personal en favor del bien común.
Si
realizamos un estudio comparativo entre la filosofía platónica y la
religión cristiana, por ejemplo, encontramos grandes similitudes:
En
primer lugar, las
características de las Ideas son las características de Dios.
Las Ideas son eternas (o sea, ingénitas, que no tienen origen, e
imperecederas, que no tienen fin); inmutables, que no cambian;
trascendentes, que, una vez descubiertas, sus efectos van más allá
del momento y del lugar; inmateriales, invisibles al ojo humano;
conceptuales, aprehensibles, inteligibles; absolutas,
que son completas y existen por sí mismas; subsistentes, que se
mantienen en el mismo estado en el que ya estaban; perfectas, que
cuentan con todas las cualidades deseables; unificadoras, y dadoras
de verdad, bondad, sabiduría y justicia. Todo lo demás depende
ontológicamente de ellas, ellas son la causa del ser y de la
existencia. Todo lo demás intenta copiarlas. Asimismo,
el dios judeocristiano se caracteriza por ser eterno, (ingénito e
imperecedero), inmutable, perfecto, omnipresente (que se encuentra en
todas partes al mismo tiempo), omnisciente (que todo lo sabe),
omnipotente (que todo lo puede), dador de verdad, bondad, sabiduría
y justicia. Es
El Creador,
de Él depende toda la Creación. Los seres humanos estamos hechos "a
su imagen y semejanza"; somos
una copia imperfecta de Dios.
En
segundo lugar, hallamos un paralelismo
entre la Teoría de la Reminiscencia -por
la cual el alma, que preexistió en el mundo de las Ideas y fue
desterrada de él por querer sustituir a la Idea de Perfección que
allí conoció, está llamada a recordarlas en el mundo sensible a
través del ascenso dialéctico- y
las creencias judeocristianas del pecado original -con
el que las personas nacemos a raíz de que Eva comió de la manzana
prohibida por Dios cuestionando su autoridad-
y
del ascenso
del alma al Cielo con Dios después de haber llevado esta una vida
encaminada al encuentro con Él. Cabe
destacar que el
origen del mal, para Platón y para los cristianos, es la desviación
del alma humana de su propósito último de imitar a la perfección.
No existen Ideas de lo malo, injusto o feo; esto es el resultado del
desconocimiento de la Idea.
Todo
lo bueno, justo y bello es obra del Señor; en cambio, lo malo tan
solo aparece cuando las personas lo ignoran y se alejan de Él.
Además,
también tienen
en común la llamada al alma al conocimiento de la Idea Suprema de
Bien o Justicia con la llamada al alma a reunirse con Dios que ambos
son procesos selectivos:
la propuesta del filósofo gobernante excluye al "ignorante"
o desconocedor de la Idea de la labor de gobierno y, según la
doctrina cristiana, al Cielo solo van los "buenos", los
aptos, mientras que los
"malos", tachados ignorantes o desconocedores de la Verdad,
merecen el castigo del Infierno. En este sentido, se
apoyan en el intelectualismo moral socrático,
defensor de que, el que sabe, necesariamente obra bien; eso sí, los
cristianos consideran que, cuando se presenta el saber delante de uno
y uno reniega de él, entonces uno es ignorante porque quiere y así
lo ha decidido, no por otra cosa, y condenan la negación de la
"Verdad". Esta misma
necesidad del castigo al que actúa acorde a intereses propios -en
vez hacerlo acorde a la verdad- aparece reflejada, asimismo, en la
apología
de las jerarquías -que,
en boca de Platón, son naturales y necesarias- y el rechazo
a la democracia,
con fundamento en que no se deben dejar los asuntos públicos a cargo
de ignorantes (explicado mediante el símil del navío,
que
equipara la toma del timón de un navío a la toma del gobierno de
una ciudad y declara que, si para lo primero se requiere una
tripulación experta, para lo segundo, con más razón). Aboga
Platón, consecuentemente, por la meritocracia, "el gobierno de
los mejores", una minoría que se lo merece. El castigo que
propone Platón al ignorante es, pues, no aspirar a gobernante. La
Iglesia, por su parte, tampoco ha sido nunca demasiado democrática;
su misma estructura es profundamente jerárquica y entre sus filas ha
existido siempre un fuerte afán de centralización del poder,
primeramente, en la figura del Papa, y luego en cardenales y obispos,
y así desciende hasta la posición de los fieles, que están muy
lejos de participar en la toma de decisiones dentro de la Iglesia.
Por
otro lado, son
análogas las concepciones cristiana y platónica del alma y del
cuerpo, de lo racional y de lo material.
Para Platón, lo mismo que para el cristiano, alma
es pureza y esencia, aunque, al bajar al mundo material, puede verse
anulado su propósito de imitar a la Idea de la misma forma en la que
el cristiano piensa que el ser humano puede anular su propósito de
ser la imagen de Dios cuando se encomienda a las pasiones, emociones
y apetencias y deseos del cuerpo.
En el
Fedón,
Platón
narra el mito del carro alado para describir la estructura del alma.
No ilustra qué es propiamente, pero se la compara con fuerzas
inestables; el alma es movimiento y permite dos posibilidades: el
equilibrio y su contrario (lo que permite la comparación con el
"carro alado", que está compuesto de un jinete y dos
caballos, donde el jinete representa el punto de tensión capaz de
controlar las dos fuerzas equidistantes de los dos caballos, uno
bueno y el otro malo); el alma es empuje, porque busca su propio
orden en el equilibrio de fuerzas, y es tripartita,
o sea, está dividida en tres partes: la apetitiva, cuya virtud está
en la moderación;
la irascible, cuya virtud está en la valentía;
y finalmente la racional, cuya virtud está en la prudencia.
Estas tres virtudes son exaltadas con similar entusiasmo en la Biblia
a través de parábolas
y analogías
como hacía Platón, con el
bien y el mal
por protagonistas también, a menudo concebidos
como luz y oscuridad,
respectivamente. En concreto, el
símil de la Idea del Bien con el sol es muy revelador.
En
el Libro VI, cuando Glaucón le pide a Sócrates que le explique lo
que es el bien, este afirma no verse capaz de hacerlo y, en su lugar,
le habla de aquel al que llama "hijo del bien": el sol,
generador de luz y calor sin ser luz ni calor pero sin el cual ni la
luz ni el calor existirían (la luz y el calor son dos realidades que
dependen ontológicamente del sol). Con ello, lo que nos viene a
explicar es que luz y calor son conocimiento y amor, bien o justicia,
y que su existencia depende de una realidad superior creadora. El
sol, en este caso, cobra la identidad de Cristo en el cristianismo,
ya que sirve de ejemplo físico en la Biblia para describir a su
Padre, la Idea de Bien o Dios. Jesús es Hijo del Padre y su
encarnación a la vez como el sol es Hijo del Bien y su
materialización a la vez.
Y si
buscamos más evidencias de que Jesús es en realidad un personaje
que hace alusión al sol como ejemplo de bien, hallamos las
siguientes:
La
estrella en el Este o estrella de Oriente de la que se habla en las
escrituras presente en el nacimiento de Cristo es en realidad el
brillante planeta Venus, que siempre se ve cercano al sol y nace por
el este también. Los Tres Reyes de Oriente son tres estrellas más
brillantes del cinturón de Orión, llamadas por los anglosajones los
Tres Reyes. Durante el reinado de Herodes -cuyo
origen etimológico es "el dragón de fuego"-, o sea,
durante el reinado de la noche -representada por un dragón a raíz
de que, tanto al comienzo como al final de la misma el cielo se torna
rojo como si escupiera fuego-, este oye que ha nacido un rey (el sol)
en otra parte que se alzará y le conquistará; y consecuentemente,
pide en secreto a los Tres Reyes que, siguiendo la posición de la
estrella del Este (Venus), lo encuentren. Los Tres Reyes llegan y, al
verlo (al sol) recién nacido, se llenan de alegría y le regalan oro
(que es dorado y resplandeciente), incienso (el aroma del incienso
quemado fue considerado por los antiguos señal de Dios en la Tierra)
y mirra (una sustancia que se untaba en los cuerpos de los que
morían, con lo que se nos avisa de que el sol morirá con la llegada
de la noche). Y, precavidos por un sueño, los Tres Reyes regresan a
su país por otro camino, lo que se traduce en que las tres estrellas
brillantes del cinturón de Orión regresan a su punto de partida por
el oeste.
La
Virgen María es la constelación Virgo,
también conocida como “Virgo, la Virgen”. “Virgo” en latín
significa “virgen”. A Virgo se la conoce como “la casa del
pan”, y la representación de Virgo es una virgen sosteniendo un
haz de trigo. Esta casa del pan y su símbolo de trigo representan a
Agosto y Septiembre, el tiempo de la cosecha. De hecho, originalmente
se dijo que Jesús nació en una cueva (las cuevas tienen forma
abovedada, como el cielo; se depositó su cuerpo muerto en una cueva
también, de hecho), y Belén, del
hebreo "bet-lehem", se
traduce literalmente como “casa del pan”. Belén
es,
entonces, una
referencia a la constelación Virgo,
un lugar en el cielo, no en la Tierra. En
Mateo,
2 se relata cómo el rey Herodes busca a Jesús en Belén, "casa
del pan", pero Jesús no está allí, porque está en
Capricornio, la constelación de la cabra y época del año en la que
ocurre
el solsticio de invierno;
concretamente, justo
tres días antes del 25 de Diciembre,
día establecido a posteriori como el del nacimiento de Jesús o
momento en el que los días vuelven a alargarse perceptiblemente en
el hemisferio norte y empieza a ser más evidente que el sol vuelve a
ascender (Jesús
"resucita" o "nace" a los tres días después de
muerto).
Aquí se confunden un poco los datos, porque Julio César no quiso
romper del todo con el calendario lunar y en su nuevo calendario
juliano emplazó Año Nuevo en el día de la primera luna nueva
después del solsticio de invierno. En consecuencia, hoy tenemos tres
celebraciones del solsticio de invierno o Año Nuevo: la astronómica,
el día 22; la del 1 de Enero; y por úlitmo, Navidad, la celebración
universal del renacer del Dios Sol. No obstante, todo el mundo sabe
que la resurrección de Jesús no se recuerda el 25 de Diciembre,
sino el
Domingo de Resurrección, primer
domingo posterior a la primera luna llena después del equinoccio de
primavera,
que se
corresponde con el paso aparente del Sol del hemisferio austral al
boreal.
En otras palabras, aunque
nacimiento y resurrección de Cristo sean celebrados en días
distintos, en realidad ambos señalan el mismo acontecimiento: más
horas de sol.
Es más, en el hemisferio norte el equinoccio de primavera marca el
comienzo de la primavera, y esta es la estación de la prosperidad.
Esta es la venida de Cristo, la venida del sol, que trae la
"salvación de los hombres".
Otro
dato curioso es que, según los evangelios sinópticos (Mateo,
27:45,51-54;
Marcos,
15:33
y
Lucas
23:44-45),
durante
la crucifixión
ocurrió una oscuridad, y que ocurrió a partir de la "hora
sexta" (mediodía) hasta la "hora nona" (15:00); en
algunas traducciones del evangelio de Lucas
(capítulo 23, versículo 45) se lee que el
sol se eclipsó, lo que explicaría la muerte metafórica del sol.
En
cuanto al porqué de la muerte en la cruz, resulta que existe una
pequeña constelación con ese nombre que, hace 2000 años, podía
ser vista desde la latitud a la que se encuentra Jerusalén
(32 grados norte del ecuador) -pese a encontrarse la estrella en el
hemisferio sur- debido al bamboleo del eje de rotación de la Tierra.
Por esta razón, el sol pudo "morir en la cruz" en tiempos
bíblicos.
Y,
con una inspección mayor, nos damos cuenta de que el
viaje de un año de Jesús coincide con el del sol a través del
Zodíaco.
En el solsticio de
invierno, el sol "entra" en Capricornio
y viaja 30 grados en 30 días para alcanzar Acuario. Jesús tarda 30
años en empezar su predicación (Lucas,
3:23). Esto es, tras "nacer" o "renacer" en
Capricornio, pasa por Acuario (el hombre con el cántaro de agua) y
Jesús visita a Juan el Bautista, quien le promete que nos dará algo
mejor que agua en adelante (cosechas). Ese es el principio de la
alegoría. Jesús es una personificación del sol; Juan, una
personificación de Acuario.
Jesús (el sol) visita a Juan Bautista (Acuario). Y, luego, la Biblia
dice sin más que "después de que Juan fuera metido en
prisión, Jesús se fue a Galilea,..." (Marcos,
1:14; Mateo,
4:12; Lucas,
3:20; Juan,
3:24). Juan es metido en prisión de repente (más tarde se explica
el motivo) y Jesús se va; pero, ¿por qué se va Jesús?, ¿por qué
cuando se entera de que han decapitado a Juan el Bautista es cuando
sucede la multiplicación de los panes y los peces? Es muy difícil
de comprender el sentido si no se toma como una alegoría
astronómica. Al fin y al cabo, que Juan vaya a prisión no quiere
decir otra cosa diferente de que la constelación de Acuario
desaparece en el horizonte al final del mes. En Acuario abundan las
lluvias, sumamente importantes para la agricultura; pero con la
llegada del calor y la muerte de Acuario es cuando la yerba se torna
verde y hay más alimento. "Respondió
Juan y dijo: Es necesario que él crezca (el Cristo), pero que yo
mengüe". Es necesario que crezcan las horas de sol, pero
también que cesen las lluvias para que haya cultivo y las lluvias y
el mal tiempo no se lo lleven por delante. "Porque
vino Juan que no comía ni bebía, y dicen: Tiene un demonio. Vino el
Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Mirad, un hombre glotón y
bebedor de vino...".
Aquí
se pone de manifiesto la metáfora. No es que Juan no comiera ni
bebiera, que es humanamente imposible, sino que Acuario traía
hambrunas y las gentes lo maldecían. Y maldecían luego las épocas
de sol (épocas del "Hijo del Hombre") y de abundancia por
el comportamiento despilfarrador que propiciaban.
En
lo que a Jesús se refiere, continúa su camino por Galilea
(proveniente del Latín "galilaea, proveniente, a su vez, del
Griego "galilaia", y este del Hebreo "galil", que
significa "círculo"). O, lo que es lo mismo, "Jesús
continua su camino por el círculo", la Eclíptica, que es la
línea que describe el sol en su recorrido aparente a través del
cielo, y "sana con su luz" (el frío siempre trae
enfermedades), "cura a los ciegos" (uno solo ve cuando hay
luz; sin la luz del sol, la única que existía en aquel entonces,
todos eran como ciegos) y "calma la tempestad". No es
casualidad tampoco que el primer milagro de Jesús consista en
convertir el agua en vino: para que los viñedos crezcan, primero han
de sucederse lluvias; solo entonces el sol hace el "milagro"
de transformar ese agua caída del cielo en vino para la mesa.
Por
otra parte, Jesús-Sol, es tentado por el diablo (oscuridad) en el
desierto, donde permanece por 40 días y 40 noches en ayuno. En
inglés, el periodo que precede a la Pascua se llama "Lent",
término que viene del "lengthening" o alargamiento de las
horas de luz conforme se acerca la primavera: es lo que nosotros
llamamos "Cuaresma". Ahora bien, ¿por qué 40 días? En el
Antiguo Testamento esta cifra ya aparecía con cierta frecuencia.
Cuarenta fueron los días de las lluvias que Noé combatió, cuarenta
los días en los que Moisés escribió los mandamientos y cuarenta
los años que los israelitas pasaron en el desierto. Estos datos
responden a las 40 semanas de duración del embarazo. En resumen, el
número nos indica el preludio de una nueva etapa. Con Moisés,
auguraba el renacer de un mundo pecaminoso; para los israelitas, el
cuarenta significaba el comienzo de una "nueva vida" en la
Tierra Prometida; y para Jesús, la "entrada" de Piscis
a escena (más adelante veremos por
qué la constelación de Piscis recibe una anunciación especial).
Pero, por si fuera poca coincidencia esta, con el relato de los 40
días de Jesús en el desierto, se aprovecha para reforzar la crítica
que Platón hace de los sofistas y su exaltación del sacrificio
individual que el político ha de llevar en beneficio de la comunidad
(las tres tentaciones que vence Jesús son: primero, la búsqueda de
la propia satisfacción por encima de la de Dios, por encima de lo
que está bien; segundo, la duda acerca de la existencia de la verdad
absoluta o caída en el relativismo moral en vistas de conseguir el
poder y la gloria que a uno le proporciona decir siempre lo que otros
quieren oír; y tercero, la codicia). No se enseña nada nuevo, por
tanto. La moral de Cristo es un plagio de la moral platónica; la
crítica de Jesús a los sacerdotes del templo es la misma que Platón
hace a los sofistas.
Retomando
de nuevo el viaje de Jesús, nos encontramos con que visita a Simón
y su hermano Andrés, ambos pescadores y personificaciones de los dos
peces representativos de Piscis.
A
continuación, llega a Aries,
el cordero (o carnero, cordero joven). La fecha coincide con la del
equinoccio de primavera, el 21 de Marzo, que marca la victoria de la
luz sobre la oscuridad, ya que a partir de este día los días son
más largos que las noches. Cuando el sol alcanza al "cordero",
el cordero quita figurativamente la oscuridad y el pecado (la noche
se asocia al pecado) del mundo. Debido a la importancia de este
hecho, Jesús es llamado con frecuencia el "Cordero de Dios",
"el Pastor supremo", "el Buen Pastor", "el
Cordero Pascual" y "el que quita el pecado del mundo",
en memoria a su actuación en estas fechas.
En
Abril, el sol pasa por Tauro,
el toro, símbolo de la agricultura. Seguidamente, se
distingue en el cielo un brazo lejano de la Vía Láctea, nuestra
misma galaxia, con forma de lago estrellado. En este punto de su
viaje, Jesús camina sobre las aguas, y las cruza dirigiéndose a la
constelación Géminis, al encuentro de los gemelos
Cástor y Polúx (Mateo, 8:28 y Hechos, 28:11,
donde se les nombra explícitamente). Cástor y Pólux, también
llamados Dióscuros, resulta que en latín eran conocidos como
"Gemini", dos estrellas de la constelación Géminis.
"Al cabo de tres meses en la isla, zarpamos en un barco que
había invernado allí. Era una nave de Alejandría que tenía por
insignia a los dioses Dióscuros".
En
Junio el sol pasa por Cáncer,
el cangrejo que camina al revés, retrocediendo. La fecha en la que
empieza es el 21 de Junio, el día del solsticio de verano, el día
más largo del año, cuando el sol está en lo más alto. A partir de
este momento el sol "retrocede" hacia el sur al tiempo que
los días se acortan. Entonces, Jesús, "Rey de reyes",
visita "a un hombre llamado Mateo", personificación de la
estrella Regulus ("pequeño rey"), que es la más brillante
de la constelación Leo
y una de las cuatro "estrellas reales" mesopotámicas junto
a Aldebarán (perteneciente a Tauro), Antares (perteneciente a
Escorpio) y Fomalhaut (perteneciente a Piscis), las cuatro con una
tradición mitológica digna de mención. Al hablar de Mateo se
habla, pues, de Leo, puesto que "Mateo", nombre que recibe
uno de los doce apóstoles que viajan con Jesús y también San Mateo
evangelista (cuyo símbolo, de hecho, es un león), tiene sus raíces
en el nombre hebreo "Mattheios", nombre compuesto por "mat"
y "theios", donde "theios" es un adjetivo que se
traduce como "divino" (tomando la premisa de que nuestro
Dios es una estrella y es "Rey de reyes", tiene sentido que
las demás estrellas, como Cástor, Pólux, Regulus o los mismos Tres
Reyes de Oriente, también sean consideradas deidades, aunque no tan
importantes como la que da calor y vida a la Tierra).
Unos
días más tarde la constelación Acuario se alza en el oeste a la
hora de la puesta de sol, de color fuego, y parece ser decapitado por
el horizonte. A modo de metáfora, en la Biblia se cuenta cómo Juan
el Bautista "ha resucitado de entre los muertos" y ha sido
decapitado por Herodes, "el dragón de fuego"
(Mt.,
14:1-12;
Mc.
6:14-29; Lc.
9:7-9). A esto le sigue la
transfiguración de Jesús (Mt.,
17:1-13, Mc.,
9:2-13, Lc.,
9: 28-36: Jesús se va a lo alto de una montaña y brilla, igual que
el sol hace en los meses de verano), así como la entrada triunfante
en Jerusalén o "Ciudad de la Paz", momento en el que las
multitudes gritan "hosanna", "sálvanos ahora" o
"danos salud ahora", una súplica que responde a un temor a
lo que está por venir de nuevo (el frío y la escasez) tras el paso
de la constelación Virgo.
Dice así: "Decid a la hija de Sion: he aquí, tu Rey viene a
ti" (Mt.,
21; Mc.,
11:1-11; Lc.,
19:28-44; Jn.,
12:12-19). Pues bien, en más de una ocasión se hace referencia en
la Biblia a la Virgen María como la "hija de Sion"
(Lumen
gentium,
55; Zacarías,
9: 9-10...). No existe otra justifición tan lógica de la mención
de la Virgen en ese pasaje bíblico como la de que la Virgen es una
personificación de Virgo. Y que Jesús vaya montado en una asna,
animal manso, y en un pollino, "hijo de animal de carga",
según palabras textuales de la Biblia, puede tener muchas
interpretaciones. Podrían ser un simbolismo de la estabilidad
atmosférica (el tiempo está manso como el asno) y de lo cargante
que resulta el sol todavía en esta época del año, aunque ya no por
mucho tiempo. Recordemos que, al principio de la narración, la
Virgen huyó con Jesús montada en un asno como el de ahora.
El
sol pasa de largo y llega a Libra,
cuyo símbolo es la balanza, que representa el equilibrio, la
igualdad y la justicia. Coincide con la purificación del templo
llevada a cabo por Jesús cuando vuelca las mesas de los cambistas,
los llama ladrones y los desaloja de allí, haciendo así justicia en
un modo en el que nunca antes lo habíamos visto hacerla. En estas
fechas empieza el otoño y el día y la noche vuelven a ser igual de
largos, se "equilibran". Conforme entramos en otoño, las
hojas de los árboles empiezan a marchitarse. En este punto de la
historia, Jesús pasa junto a una higuera que había maldecido y esta
está seca (Marcos,
11:20-25).
El relato cobra pleno sentido si entendemos a Jesús como una
personificación del sol y, a su vez, representación de la Idea de
Bien o Justicia para la humanidad del mismo modo que lo fue el sol
para Glaucón en el símil del sol.
Entretanto,
se acercan los tiempos de oscuridad. En la Última Cena, Jesús se
reúne para dar las gracias por la cosecha y el alimento (Mc.,
14:12-26; Lc.,
22:7-38) con sus doce discípulos, que se dice habitualmente hacen
alusión a las doce tribus de Israel cuando esto es, al mismo tiempo,
precisamente una referencia simbólica a los doce signos zodiacales
de la astrología babilónica adoptados por los judíos en su exilio
a Babilonia. El zodíaco era un símbolo pagano extremadamente
relevante. Osiris-Dionisio es simbólicamente representado como el
centro espiritual de la rueda giratoria del cambio, integrada por 12
signos. Como Mithras, Dionisio, Aion y Helios, es representado a
menudo en el centro del círculo del zodíaco. En la ceremonia de
iniciación de los misterios de Mithras, doce discípulos rodeaban al
dios-hombre, al igual que rodean doce discípulos a Jesús.
El
círculo de los doce rodeando a uno deriva de la geometría estudiada
por los pitagóricos, quienes, renovadores del mundo antiguo por su
conocimiento de las matemáticas, concebían la perfección como una
esfera. Los antiguos descubrieron que para que una esfera sea rodeada
por otras de las mismas dimensiones de manera que todas estén en
contacto se necesitan doce. Por ende, la imagen del dios rodeado por
doce discípulos cumple con esa matemática idea de perfección.
En
cualquier caso, volviendo a la Biblia, Jesús es traicionado por
Judas. Si interpretamos a Judas como la personificación de Escorpio,
en el mes de Octubre, y si entendemos las 30 monedas de plata de
traición como los 30 días que tarda aproximadamente la luna (en
sentido figurado, la moneda de plata) en cambiar de fase -la
lunación, que es como se llama, dura 29
días 12 horas 44 minutos y 3 segundos, por lo que está muy cerca de
la cifra 30-,
caemos en que el hecho de que Judas vendiera a Jesús por 30 monedas
de plata podría ser tan solo una alegoría explicativa de por qué
el sol desaparece y en qué tiempo lo hace. Hay que tener en cuenta
que el calendario en tiempos bíblicos era el lunisolar, un
calendario que se basaba tanto las fases del sol como las de la luna:
si el año se toma como un año tropical, el calendario lunisolar
dará una indicación de la estación; si se toma como un año
sideral, predecirá la constelación cerca de la cual ocurrirá la
luna llena (Escorpio, en este caso).
Jesús-Sol,
pues, es entregado a Herodes, "el dragón de fuego" u
"horizonte escupe fuego" (puesta de sol) más allá del
cual está la oscuridad, y es puesto al frente de Poncio Pilato
(etimológicamente, "Pontius" -derivado de "pontus",
del griego "pontos", "perteneciente al mar"-
"Pilatus" -"armado con una jabalina"-, Poncio
Pilato hace referencia a Sagitario,
del latín "sagitta", "saeta", la constelación
del lanzador de saetas localizada entre un mar de estrellas) en un
juicio. Ante el juicio, el pueblo
decide salvar a Barrabás, helenización del nombre arameo "Jesús
Hijo del Padre". En otras palabras, el pueblo se queda con el
ejemplo (el hijo), mientras que el sol en sí cada vez va a ser más
tenue hasta llegar a su punto más bajo. Deducimos de esto que Jesús
es
al pueblo lo que el sol es a Glaucón según el texto platónico del
símil del sol: ejemplo para entender la Idea de Bien, un ejemplo que
el pueblo ha de adoptar para hacer el bien.
En
cuanto a la razón por la que Piscis recibe una anunciación
especial, observamos que el equinoccio de primavera "entró"
en la constelación de Piscis hacia el 498 d.C. y "continuará
en ella" hasta aproximadamente el 2638 d.C., y es por esto por
lo que Cristo llamó a sus discípulos a ser “pescadores de
hombres”. Es por esto por lo que la mitra de los obispos tiene
forma de cabeza de pez (el pez, innegablemente, es un símbolo
cristiano; pero, contrariamente a la retorcida explicación que los
cristianos, y más concretamente el emperador constantino, dio a su
simbología -según la cual la
popularidad del pez como símbolo cristiano responde a que las
iniciales de la palabra griega "Itchys" podrían haber sido
usadas como acróstico para “Iesous
Christos Theou Yios Soter”, "Jesús Cristo hijo de Dios
Salvador"-
la otra teoría es sencilla): Piscis
es la "Era de Cristo".
El equinoccio de primavera permanecerá en la constelación de
Acuario desde el 2638 d.C. hasta el año 4700 d.C. "A
la verdad, Elías vendrá primero y restituirá todas las cosas. Mas
os digo que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él
todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre padecerá de
ellos. Los discípulos entonces entendieron que les habló de Juan el
Bautista" (Mateo,
17: 10-13). Ni más ni menos, Acuario había sido divisado durante el
año, pero la Era de Acuario estaba por venir. "Respondió
Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del
cielo.
Vosotros
mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que
soy enviado delante de él" (Juan,
3:27-30). Juan es enviado "delante de Cristo" porque
Acuario va "delante de Piscis", y Piscis es la "Era de
Cristo", ya que es su época, la primavera, la que trae
esperanza, vida y salvación. La condición de "primo de Cristo"
la tiene Juan el Bautista por su proximidad, en tanto que
personificación de la constelación Acuario, a la constelación
Piscis. "En
verdad os digo que entre los nacidos de mujer no se ha levantado
nadie
mayor
que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de
los cielos es mayor que él". La
constelación más pequeña de todas es la Cruz del Sur, y es mayor
incluso que Juan porque es la que crucifica a Jesús.
"Y
desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los
cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza.
Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si
queréis aceptarlo,
él es Elías, el que había de venir. El que tiene oídos, que oiga"
(Mateo,
11:12).
La
relación, por lo menos a nivel comparativo, entre Cristo-Dios y el
sol es clara:
"Él
era antorcha
que ardía y alumbraba"
(Juan,
5:35).
"La
brillante
estrella
de la mañana" (Apocalipsis,
22:16).
"Yo
soy la luz del mundo.
El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la
luz de la vida"
(Juan,
8:12).
"El
pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran
luz;
sobre los que vivían en densas tinieblas la
luz ha resplandecido"
(Mateo,
4:16).
"Por
medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo
creado llegó a existir. En
él estaba la vida, y la vida era la luz
de la humanidad" (Juan,
1:3-7).
"Esta
es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero
la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus
hechos eran perversos.
Pues todo el que hace lo malo aborrece la
luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras
queden al descubierto" (Juan, 3:19-20).
"Ustedes van a tener la luz sólo un poco más de tiempo
—les dijo Jesús—. Caminen mientras tienen la luz, antes
de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no
sabe a dónde va. Mientras tienen la luz, crean en ella, para
que sean hijos de la luz. Cuando terminó de hablar, Jesús se
fue y se escondió de ellos" (Juan, 12:35-36).
"Yo
soy la luz que ha venido al mundo,
para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas" (Juan,
12:46).
"Despiértate,
tú que duermes, levántate de entre los muertos,
y
te
alumbrará Cristo"
(Efesios,
5:14).
"Concentren
su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra"
(Colosenses, 3:2).
"El
Señor es sol
y escudo" (Salmos,
84:11).
"El
Señor su Dios es fuego que se consume
y Dios celoso" (Deuteronomio,
4:24).
"Luz
verdadera"
(Juan
1:9).
"El
que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que
sus obras son hechas en Dios"
(Juan,
3:21).
En
1633 la Iglesia Católica condenó a Galileo por promover la teoría
heliocéntrica del universo. Se dijo: "La
propuesta de que el sol sea el centro del mundo y que no se mueva es
absurda y falsa, además de filosófica y formalmente herética,
porque es formulada en contradicción con las Sagradas Escrituras.
La propuesta de que la Tierra no sea el centro del mundo e inamovible
y que, sin embargo, se mueva, es igualmente absurda y falsa
filosófica y teológicamente hablando, al menos equivocada en fe".
Como, explícitamente, no aparece en las Sagradas Escrituras que la
Tierra sea plana e inmóvil, de estas declaraciones oficiales se
desprende que la Iglesia detectó que sí aparecía de manera
implícita. Los antiguos cristianos, por tanto, sí debieron
considerar el cúmulo de comparativas expuesto. ¿Y por qué canta el
gallo después de que Pedro niegue a Jesús (o al sol) tres veces si
no es a modo de guiño a la antigua mitología, que explica el canto
del gallo como un castigo de Ares a la traición de Alectrión de no
reconocer la llegada del sol?
En
definitiva, existen aspectos de la Grecia clásica, de la antigua
filosofía y de la antigua mitología que siguen vigentes a día de
hoy, puede que con la misma intensidad que entonces, y están muy
presentes en nuestras vidas y en nuestra cultura. La filosofía
platónica ha sido de enorme trascendencia. Hemos analizado uno a uno
los paralelismos que se dan entre ella y el cristianismo, una de las
religiones con más fieles del mundo, y ha quedado demostrado que no
son pocos. Las tendencias del pensamiento, al parecer, son
reincidentes a lo largo de la historia. Las adoptamos de nuestros
progenitores y las seguimos llevando muy dentro, y se siguen
trasmitiendo a la descendencia. Por eso, cuanto
más conozcamos del pasado, mejor comprenderemos el presente. El
cristianismo tiene su fundamentación ideológica también, sus
raíces. El cristianismo no fue un movimiento que surgió de repente
y de la nada. Platón -quien obtuvo, a su vez, sus distintas
influencias de los pitagóricos, de Parménides, de Sócrates y de
Heráclito, entre otros- fue el padre del cristianismo. La
comprensión de su filosofía es crucial para el diagnóstico de la
sociedad occidental actual.
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