-¿Cómo estás?- me preguntan.
Que estoy bien, les respondo.
No es sincero, en el fondo.
Pero tampoco lo es la pregunta.
Que estoy bien, les respondo.
No es sincero, en el fondo.
Pero tampoco lo es la pregunta.
Signo de educación,
no de preocupación.
Pregunta que espera otra pregunta.
-bonito protocolo-
en fingir que te importo.
Sonríe, quedarás como nunca.
si tengo depresión,
una hija allá en Japón
o grises telarañas en mi hucha.
conozco el protocolo-:
sonreír ante todo;
la tristeza, ha de quedársela una.
En su contestación,
aparte de ficción,
también ha habido mucha censura.
Nunca fue de otro modo.
Tú y yo, codo con codo;
sin embargo, con cosas ocultas.
en gran contradicción
con mi protestación,
digo “¿qué tal?”. Soy bastante absurda.
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