en el que mi familia de tres
era de tres.
Y mi padre no venía a casa
porque ya estaba en ella.
O será que no me acuerdo realmente
porque puede que trabajara hasta más tarde,
como hacen los hombres serios y aburridos,
y él era un hombre serio y aburrido.
Y lo sigue siendo.
No te extrañará que me pregunte por qué,
si lo sigue siendo,
dejó de aparecer por casa, ¿no?
¿Qué cambió?
No lo sé.
Su niña creció, tal vez.
Y todo el mundo adora a los niños,
aunque sea superficialmente,
que es como se adoran las cosas,
pero nadie adora cuidar de un niño
-quien así lo afirma, miente.
En todo caso adora criar a un niño,
creerlo suyo,
de su propiedad,
hacerlo suyo,
de su propiedad.
Todos esos enanos moldeables
son proyectos de la-vida-que-parece-perfecta,
al padre, por supuesto.
Lo que los padres no saben
-se niegan a saberlo-
es que, como la
perfección no existe,
cada uno tiene su idea de ella.
Y mi padre no es perfecto.
A mí en absoluto me lo parece.
Él, sin embargo, no está de acuerdo.
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