Cuando estés triste, escribe. Cuando estés triste, sal de ti. Si para ello necesitas ayuda de lápiz y papel, tómalos. Es relativamente más sencillo salir de ti mism@ cuando se traduce lo que ocurre dentro de ti en un lenguaje de cara al exterior, en una organización común de ideas y conceptos. De esta manera, mediante la empatía que requiere tener el saber escribir, darás un paso de gigante hacia la comprensión de tus propias avalanchas conceptuales, esas mismas que a veces ni siquiera tú entiendes y que causan incertidumbre, pánico o incluso angustia y agonía. ¿Y por qué se precisa de empatía para escribir? Pues bien, como sé que nada se te pasa por alto, te lo explico. En realidad, todo acto de habla es un testimonio de la empatía humana, todo acto de habla, y no solo aquel que se efectúa en un canal como este, pretende hacer llegar a "otro" un mensaje "mío"; queremos que el "otro" sepa lo que es estar en el lugar "mío", y, en consecuencia, tomamos la precaución de encargarnos de que mi posicionamiento sea comprensible. Así pues, al emplear la lengua ponemos orden a lo que en nosotros sucede. Por ello afirmo que no viene mal escribir para sí. Otra variante sería la de hablar solos, pero como eso suena más a vieja loca, lo dejaré estar.
Cuando estés triste, dite (o escríbete, para aquellos que no se consideren viejos locos) a ti mism@ que la felicidad es una elección. Porque verdaderamente lo es. Ser feliz es tan opcional como no serlo. Si bien morir no es una opción y vivir sí (somos libres hasta para quitarnos la vida), en lo referente a la felicidad y la infelicidad no observamos tal distinción. Principalmente es debido a que son estados de ánimo, y no estados del ser. Ser o no ser, esa es la cuestión, ¿no? Sin embargo, no me vas tú a equiparar el "ser" sinónimo de "ente" con el verbo copulativo "ser", que pide un atributo. Ser o no ser feliz, yo diría que esa es la cuestión. Por lo que respecta al "ser" a secas, fuera de conjeturas divagantes del tipo del Segismundo de Calderón de la Barca, está bastante claro que eres mientras existes aquí y ahora (mientras notes en tus posaderas la presión sobre tu asiento y a la vez pienses, tranquilízate, que existes).
En definitiva, no puedes controlar el hecho de que dejarás de ser, pero sí depende en gran parte de ti hasta cuándo serás (¡cuídate un poquito la salud!); más aún: recae de lleno en ti la responsabilidad de, voluntariamente, sí ser, decidir ser. Ser... ¿qué? Ahí vamos. Yo, feliz; tú, tu sabrás.
En definitiva, no puedes controlar el hecho de que dejarás de ser, pero sí depende en gran parte de ti hasta cuándo serás (¡cuídate un poquito la salud!); más aún: recae de lleno en ti la responsabilidad de, voluntariamente, sí ser, decidir ser. Ser... ¿qué? Ahí vamos. Yo, feliz; tú, tu sabrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Ya que entro, comento.