Muchas veces nos preguntamos qué vendrá
después de esto. Incluso cuando no pensamos en ello, lo tenemos presente.
Sabemos lo que sabemos. Querríamos saber más. ¿Pero es que no nos damos cuenta
de que si supiéramos lo que viene después, si tuviéramos todas las respuestas
en la palma de la mano, o si simplemente las hubiésemos encontrado todas
conforme las buscábamos, nada sería como es? ¿No nos damos cuenta de que si lo
conociéramos todo sobre la vida, y todo sobre la muerte también, no tendríamos
razones para vivir?
Pongamos que cuando morimos tenemos por
seguro (repito: por seguro) que nos rencarnamos. ¿Cuánta sería la gente que se
suicidaría de no estar conforme con el más mínimo aspecto de su vida? Si total, sabríamos que volveríamos a tener más oportunidades...
Imaginemos que sabemos con absoluta certeza
que existe un cielo. O, aún mejor, imaginemos, por el contrario, que estamos al
tanto de que lo que nos depara no es otra cosa que el más llano y largo de los
descansos: el descanso eterno de nuestro cuerpo, y de nuestra alma con él. La
gente haría locuras en vida,
¿pues quién va a desaprovechar la terrenal, mundana, corta y ÚNICA existencia que le
ha sido dada? Si este fuera el caso, nadie temería al descanso; lo odiarían,
sin embargo.
Nuestro problema actual no es que lo odiemos,
es que, ante todo, lo tememos. ¿Por qué no podemos simplemente dar gracias de
desconocerlo y así ser nosotros mismos sin que nos condicione el después? Ni
cielo, ni infierno, ni descanso eterno, sino un interrogante que cuanto más tarde
desvelemos, mejor.
La única conclusión que se nos está permitida
sacar en claro dice así: los que se han ido están aquí. ¿Qué pruebas hay? Tus acciones pasadas siguen repercutiendo en el presente,
y esa es mi demostración empírica de que los que se han ido están. Ya sea por el rastro genético que
persiste y persistirá por los siglos de los siglos (los descendientes), por el
característico humor que te traías y que tus amigos y familiares toman ahora
como ejemplo, la sonrisa de tu rostro clavada en nuestra cabeza, o el enfado,… Ya
sea por lo poco que me gustaba tu asignatura… Ya sea por el árbol genealógico
que a tu bisnieto le hagan hacer en el cole dentro de muchos muchos años… NO, profe, no has desaparecido.
Gracias, Nacho, por haber educado en la actividad física y el deporte a los niños de mi colegio. DEP.
Gracias, Nacho, por haber educado en la actividad física y el deporte a los niños de mi colegio. DEP.
El ser humano no desaparece.
What we do in life, echoes in Eternity. :-)
ResponderEliminarEres genial X :)
EliminarPreciosa tienes un premio en mi blog :)
ResponderEliminarUn beso
Por suerte o por desgracia siempre quedan las impregnaciones del pasado intentando condicionar nuestro futuro. Si solo tuviesemos más memoria y recordáramos la historia.. aprendiendo de los errores de los que vivieron antes, así tal vez..pero ni eso se nos da bien.
ResponderEliminarDios, no puedo dejar de pulsar ese botón, me encanta, explotar no sé pero un día mi cerebro va a colapsar tu blog implosionando, explosionado y dejandolo todo perdido. :D
Un beso. :)
Sí, a veces nos olvidamos de ciertas cosas a las que, si prestáramos más atención, nos daríamos cuenta de que están ahí y que hay que aprender de ellas o habrán existido en vano...
EliminarUn beso.
PD:¡Serás tramposo!¡Pone NO pulsar! :P