No
puedo decir estar segura de que Dios no existe,
pero,
vamos, que si, por una de esas, existiera,
me la
sudaría.
Los
vecinos invisibles de casa de mi madre
también
me la sudan.
Digo yo
que existirán…
Aunque,
oye, puede que no.
Tienen
un hermoso buzón con dos nombres,
es todo
lo que sé de ellos.
Por no
hacer, no hacen ni ruido.
Y eso
es mucho para un vecino.

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