Muchas
veces cuando tengo hambre
se lo
digo a mi madre
y ella
enseguida
me pone
comida
delante.
Otras,
cuando tengo sed,
se lo
hago saber
y me
ofrece algo que me quita la sed;
se
queda a mi lado
expectante,
a la
espera de que le mande
otro
recado.
¿Qué
hago yo?
Se lo
mando.
No
quiero más compañía
que el
ordenador,
pues
este de verdad escucha,
ronronea
y jamás
se iría
a
ningún sitio
a
hacerme ningún estúpido favor.

Suerte la tuya. A mí, anoche el ordenador se empeñó en prepararme una tortilla de patatas, mientras yo intentaba escribir la primera línea de las tres mil páginas de mis Obras completas. Hasta la electrónica tiene síndrome de madre.
ResponderEliminarAbrazos, siempre
Según en qué páginas entres con tus aparatos electrónicos.
ResponderEliminarSabiendo que entras en esta, no me extraña lo más mínimo que tu ordenador te forzara a comer algo.
Un abrazo enorme.