1/11/14

Preguntas y más preguntas.

Laura vive en la misma cárcel en la que todos vivimos, yo incluida. Pero la diferencia es que yo quiero salir. Y no solo eso; yo intento salir. Quiero e intento romper esquemas. Y me da rabia porque parece que voy a contracorriente y que, después de todo el esfuerzo que nadar a contracorriente supone, me voy a topar con una gran cascada contra la que, claramente, no podré hacer nada. Parece que no tendré más remedio que soltarme de la roca a la que me aferro y dejarme llevar hasta caer en picado, arrastrada por el agua de la cascada, al vacío.
 
Conforme la humanidad "avanza", conforme avanzamos en la línea del tiempo, caemos cada vez más y más abajo en ese vacío. Más y más abajo. No podemos subir, no podemos volver atrás.
 
¿Por qué hablo español? ¿Por qué nací en España?  Decidieron mi existencia por mí mis padres, decidieron mi lengua por mí mis antepasados y... ¿quién decidió mis antepasados? Estamos presos en nuestra existencia, e incluso en aquello que es anterior a nuestra existencia. Ahora me doy cuenta. Me gusta el inglés porque no me quiero conformar con la lengua que me tocó hablar. Me gustaría emigrar porque no me quiero conformar con el país en el que me tocó nacer. Tampoco me quiero conformar con conocer a partir de lo que otros conocieron; es decir, no quiero que el conocimiento me venga de los otros porque, esos otros, ¿de dónde lo adquirieron? Si la respuesta es que fueron autodidactas, ¿por qué narices he de asumir que yo jamás sería capaz de averiguar por mí misma todo lo que ellos averiguaron por sí mismos? Está claro que ha costado muchos siglos llegar adonde hemos llegado, saber lo que hoy sabemos, pero, ¿nos estamos reservando el más mínimo derecho de averiguar cosas solos?
 
No se puede negar que, en ocasiones, esto se asemeja más a una involución que a una evolución: cada vez pensamos menos por nosotros mismos; cada vez es mayor el número de personas que ya pensaron por nosotros en el pasado. En consecuencia, solo nos queda encontrar a gente con la que identificarnos por un lado, y otra gente, por otro lado, a la que contradecir en aquellas cuestiones todavía sin respuesta.
 
Y es que es curioso que, aunque todavía hay mucho por responder, nos anclemos a lo ya respondido. ¿Cuántos son los que se dedican a investigar y cuántos los que no? ¿Qué porcentaje de la población mundial se mueve por la curiosidad? Pues bien, en comparación con aquellos que no se mueven, son una auténtica y ridícula minoría los que sí lo hacen. ¿No sería más productivo si todo el mundo se implicara en ello? Todo ser humano es un potencial descubridor. Es absurdo que se ignore el potencial de cada uno de nosotros: solo nosotros nos vemos perjudicados.
 
A mí, personalmente, me resulta insultante el hecho de que se le dé más importancia a lo ya descubierto que a lo que aún no ha sido descubierto (y que, sin embargo, cualquiera podría descubrir).
 
"Lo importante es no dejar de hacerse preguntas", dijo Albert Einstein. Y cuánta razón. Y menos mal que, de momento, las preguntas parecen ser infinitas. De no ser así, la continuación de la vida no tendría sentido. Y eso es lo que me pasa, que entre tantas lecciones y clases pasivas, estoy perdiendo la costumbre de plantearme preguntas. Ahora parece que me las quieren intentar responder todas. Mi vida, cada vez más, está perdiendo sentido.

 

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Ya que entro, comento.

It's never quite right, he said, the way people look,
the way the music sounds, the way the words are
written.
It's never quite right, he said, all the things we are
taught, all the loves we chase, all the deaths we
die, all the lives we live,
they are never quite right,
they are hardly close to right,
these lives we live
one after the other,
piled there as history,
the waste of the species,
the crushing of the light and the way,
it's not quite right,
it's hardly right at all
he said.

don't I know it? I
answered.

I walked away from the mirror.
it was morning, it was afternoon, it was
night

nothing changed
it was locked in place.
something flashed, something broke, something
remained.

I walked down the stairway and
into it.

-Charles Bukowski.