30/11/14

A un no-nacido le diría...


A un no-nacido le describiría la vida como algo extravagante. Se la describiría como una nada metida dentro de un todo, o viceversa, no lo tengo muy claro. Se la describiría como una serie de casualidades, causalidades y contradicciones en un espacio extremadamente limitado, pero, potencialmente, tan amplio como es el mundo, y hasta un poco más si eres astronauta. Se la describiría como algo parecido a no existir, solo que con la obligación de tener consciencia. Se la describiría como un sueño que se irrumpe cuando duermes, aunque puede que no me entendiera porque alguien que no exista no sabrá lo que es un sueño.
Pero le contaría cómo los pájaros, que están igual de vivos que las personas, tienen también consciencia, y cómo nosotros los humanos, que nos las damos tanto de sabios, no tenemos ni la más remota idea de hasta qué punto llega la consciencia del pájaro.
Le transmitiría, en la medida de lo posible, mi angustia por estar respirando y saber que dejaré de estarlo, la incomprensión que se acomoda sobre mis hombros y me hunde poquito a poquito hacia el centro de la Tierra, la atracción que sienten mis carnes hacia otras carnes y, otra vez, hacia el centro de la Tierra y el complejo de mesías salvador que cada individuo desarrolla llegada una edad, que vuelve a desvanecerse llegada otra, cuando empiezas a desconfiar de tus iguales y descubres maldad en todo. Después, le revelaría cómo esa maldad sirve de excusa a la maldad.
Le informaría de que la naturaleza es cíclica, también la humana, y de que es difícil salir de los círculos en los que nos metemos. Como peonzas, giramos y giramos sobre un mismo eje y necesitamos volcar para dejarlo estar. Le explicaría que aquí las cosas tienen sus fases, por lo que es probable que sea más correcto hablar de elipses que de círculos perfectos. Y, sin embargo, los dos focos de estas elipses buscan ser uno: la elipse desea ser círculo porque cree que es la deformación del círculo, y no piensa ni por un momento que podría ser al revés. Entonces, le avisaría de que esto último lleva a la náusea y, en los peores casos, incluso a la muerte voluntaria.
También le advertiría de que la soledad es locura individual, pero también colectiva, porque estamos juntos hasta en eso. Y le contaría que, más allá de las excusas, hasta en lo malo hay cosas buenas. Prueba de ello es que sin angustia no habría no-angustia, ni tampoco imaginación ni creación, pues la imaginación es el producto de la esperanza por la angustia; y la creación, consecuencia de la imaginación. Quizás le parecería raro. Y yo le diría que aquí se considera más raro el no existir. Le haría saber que en la vida lo raro es lo ajeno y lo desconocido, que solo los niños y algunos adultos con buena memoria alcanzan a ver lo raro en lo propio y en lo común, y que todos somos uno y, a la vez, muchos.
Puede que se sorprendiera por todo esto. Eso sí, no se sorprendería más que un vivo.

7 comentarios:

  1. Es así de claro: lo raro es lo ajeno, lo desconocido. Son muy buenas consideraciones para explicar a un no nacido. Y a cualquiera, con independencia de la fecha de su nacimiento. Buen comentario. Saludos

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    1. Mil gracias por este comentario :) Tampoco es que yo sea una experta de la vida (¿alguien lo es?), pero, yo que sé, si tuviera que resumir lo que llevo vivido lo resumiría así.
      Un saludo enorme.

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  2. Vendría mejor preparado para enfrentarse al mundo con esa sabiduría que tratarías de transmitirle a un no nacido....aunque a veces uno duda de todo absolutamente....yo me pregunto qué otros mundos inasibles estamos dejando correr paralelamente mientras hemos aprendido a vivir de un modo. Coincido en muchas de las sensaciones que te han inspirado este escrito, y sería bello poder comunicarnos con seres que aún no han venido al mundo, aunque en la realidad así ocurre con la obra, pensamientos, vida al fin de otros desaparecidos seres cuyo legado sigue transformando sociedades e impulsando iniciativas.

    Me aparto de las dicotomías de lo malo y lo bueno, es difícil dividir al mundo en dos partes y dejarse atrás toda la variedad de matices que existen, en última instancia somos nosotros quienes filtramos las situaciones que nos ocurren en la vida, y sacar de ella el preciado jugo de la experiencia. Gracias por tu elocuente comentario en mi blog...y me quedo por aquí. ;-)

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  3. El final me cerró la idea que iba a dejarte: ¿qué decirle a un no-vivido? Seguramente lo mismo.
    Me sorprende que seas tan prolífica, yo apenas puedo crear un texto digno cada 10 días.
    Un beso.
    HD

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    1. Los tenía todos guardados y no me decidía a publicarlos.
      Un beso.

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  4. No creas, en realidad no te iba a escuchar. Igual que los sí nacidos.
    Abrazos, siempre

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    1. Cierto es. Pero tampoco pediría que me escuchara. ¿Para quién hablamos las personas si no es para nosotras mismas?
      ¡Abrazos!

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Ya que entro, comento.

It's never quite right, he said, the way people look,
the way the music sounds, the way the words are
written.
It's never quite right, he said, all the things we are
taught, all the loves we chase, all the deaths we
die, all the lives we live,
they are never quite right,
they are hardly close to right,
these lives we live
one after the other,
piled there as history,
the waste of the species,
the crushing of the light and the way,
it's not quite right,
it's hardly right at all
he said.

don't I know it? I
answered.

I walked away from the mirror.
it was morning, it was afternoon, it was
night

nothing changed
it was locked in place.
something flashed, something broke, something
remained.

I walked down the stairway and
into it.

-Charles Bukowski.