A un no-nacido le describiría la vida como algo extravagante. Se la
describiría como una nada metida dentro de un todo, o viceversa, no lo tengo
muy claro. Se la describiría como una serie de casualidades, causalidades y contradicciones
en un espacio extremadamente limitado, pero, potencialmente, tan amplio como es
el mundo, y hasta un poco más si eres astronauta. Se la describiría como algo
parecido a no existir, solo que con la obligación de tener consciencia. Se la
describiría como un sueño que se irrumpe cuando duermes, aunque puede que no me
entendiera porque alguien que no exista no sabrá lo que es un sueño.
Pero le
contaría cómo los pájaros, que están igual de vivos que las personas, tienen también
consciencia, y cómo nosotros los humanos, que nos las damos tanto de sabios, no
tenemos ni la más remota idea de hasta qué punto llega la consciencia del
pájaro.
Le transmitiría, en la medida de lo posible, mi angustia por estar respirando
y saber que dejaré de estarlo, la incomprensión que se acomoda sobre mis
hombros y me hunde poquito a poquito hacia el centro de la Tierra, la atracción
que sienten mis carnes hacia otras carnes y, otra vez, hacia el centro de la
Tierra y el complejo de mesías salvador que cada individuo desarrolla llegada
una edad, que vuelve a desvanecerse llegada otra, cuando empiezas a
desconfiar de tus iguales y descubres maldad en todo. Después, le revelaría cómo
esa maldad sirve de excusa a la maldad.
Le informaría de que la naturaleza es cíclica,
también la humana, y de que es difícil salir de los círculos en los que nos
metemos. Como peonzas, giramos y giramos sobre un mismo eje y necesitamos
volcar para dejarlo estar. Le explicaría que aquí las cosas tienen sus fases, por
lo que es probable que sea más correcto hablar de elipses que de círculos
perfectos. Y, sin embargo, los dos focos de estas elipses buscan ser uno: la
elipse desea ser círculo porque cree que es la deformación del círculo, y no piensa
ni por un momento que podría ser al revés. Entonces, le avisaría de que esto
último lleva a la náusea y, en los peores casos, incluso a la muerte voluntaria.
También le
advertiría de que la soledad es locura individual, pero también colectiva,
porque estamos juntos hasta en eso. Y le contaría que, más allá de las excusas,
hasta en lo malo hay cosas buenas. Prueba de ello es que sin angustia no habría
no-angustia, ni tampoco imaginación ni creación, pues la imaginación es el
producto de la esperanza por la angustia; y la creación, consecuencia de la imaginación.
Quizás le parecería raro. Y yo le diría que aquí se considera
más raro el no existir. Le haría saber que en la vida lo raro es lo ajeno y lo desconocido, que
solo los niños y algunos adultos con buena memoria alcanzan a ver lo raro en lo
propio y en lo común, y que todos somos uno y, a la vez, muchos.
Puede que se sorprendiera por
todo esto. Eso sí, no se sorprendería más que un vivo.
Es así de claro: lo raro es lo ajeno, lo desconocido. Son muy buenas consideraciones para explicar a un no nacido. Y a cualquiera, con independencia de la fecha de su nacimiento. Buen comentario. Saludos
ResponderEliminarMil gracias por este comentario :) Tampoco es que yo sea una experta de la vida (¿alguien lo es?), pero, yo que sé, si tuviera que resumir lo que llevo vivido lo resumiría así.
EliminarUn saludo enorme.
Vendría mejor preparado para enfrentarse al mundo con esa sabiduría que tratarías de transmitirle a un no nacido....aunque a veces uno duda de todo absolutamente....yo me pregunto qué otros mundos inasibles estamos dejando correr paralelamente mientras hemos aprendido a vivir de un modo. Coincido en muchas de las sensaciones que te han inspirado este escrito, y sería bello poder comunicarnos con seres que aún no han venido al mundo, aunque en la realidad así ocurre con la obra, pensamientos, vida al fin de otros desaparecidos seres cuyo legado sigue transformando sociedades e impulsando iniciativas.
ResponderEliminarMe aparto de las dicotomías de lo malo y lo bueno, es difícil dividir al mundo en dos partes y dejarse atrás toda la variedad de matices que existen, en última instancia somos nosotros quienes filtramos las situaciones que nos ocurren en la vida, y sacar de ella el preciado jugo de la experiencia. Gracias por tu elocuente comentario en mi blog...y me quedo por aquí. ;-)
El final me cerró la idea que iba a dejarte: ¿qué decirle a un no-vivido? Seguramente lo mismo.
ResponderEliminarMe sorprende que seas tan prolífica, yo apenas puedo crear un texto digno cada 10 días.
Un beso.
HD
Los tenía todos guardados y no me decidía a publicarlos.
EliminarUn beso.
No creas, en realidad no te iba a escuchar. Igual que los sí nacidos.
ResponderEliminarAbrazos, siempre
Cierto es. Pero tampoco pediría que me escuchara. ¿Para quién hablamos las personas si no es para nosotras mismas?
Eliminar¡Abrazos!