Pasamos una terera parte de nuestra vida durmiendo. Sin embargo, no pasamos una tercera parte de nuestra vida soñando. Solo soñamos a pequeños intervalos de tiempo. Calculando un promedio, podemos decir que a lo largo de nuestra vida soñamos lo equivalente a seis años enteros, suponiendo que vivamos lo que la media europea. Pero, ¿cómo se explica esto? Pues bien, esto es así porque se distinguen dos etapas en el período de sueño, denominadas fase de sueño lento o NO REM, y fase de sueño rápido o REM (siglas que corresponden a su nombre en inglés: Rapid Eye Movements o movimientos oculares rápidos). Es en esta última en la que soñamos en el sentido estricto de la palabra. Pero veamos ambos períodos de sueño en mayor profundidad.
El sueño NO REM se divide en cuatro fases:
Fase I. Se corresponde con un sueño ligero en el que todavía eres capaz de percibir la mayoría de los estímulos externos (auditivos y táctiles). Tu tono muscular disminuye respecto al estado de vigilia, previo a dormirte, y aparecen movimientos oculares lentos. Este sueño es poco o nada reparador.
Fase II. Tu sistema nervioso bloquea las vías de acceso de la información sensorial, lo que conlleva tu desconexión del entorno. Tu tono muscular es aún menor que en la fase I, y desaparecen los movimientos oculares. Este sueño es parcialmente reparador, por lo que el descanso no es completo. Esta fase ocupa alrededor del 50% del tiempo de sueño en un adulto.
Fase III. Se trata de un sueño más profundo (denominado "delta"), donde el bloqueo sensorial se intensifica. Tu tono muscular se reduce todavía más. Tu tensión arterial baja y tu ritmo respiratorio se ralentiza, a la vez que aumenta la producción de la hormona del crecimiento. Si te despiertas durante esta fase, lo harás desorientado/a.
Fase IV. Tu actividad cerebral es más lenta que en las fases anteriores y también hay predominio de la actividad delta del sueño (sueño profundo y reparador). Tu tono muscular está muy reducido. No es la fase típica de los sueños, aunque en ocasiones pueden aparecer, y lo hacen en forma de imágenes, luces o figuras, siempre sin línea argumental. Alteraciones como el sonambulismo o los terrores nocturnos se manifiestan en esta fase.
Tanto la fase III como la IV son esenciales para tu recuperación física y psíquica. El no haber pasado por ellas te supone una gran somnolencia por el día (normalmente paliada por el café, pero, vaya, que tiene importancia igualmente).
En cuanto al sueño REM, que se da en los últimos 20 o 30 minutos de ciclos de entre 90 y 100 minutos, cabe señalar que es aquí donde se presentan los sueños con hilo argumental.
El sueño REM se denomina también sueño paradójico (a propuesta de Jouvet, un importante investigador del sueño) debido al contraste que supone la atonía o parálisis muscular y la activación del sistema nervioso central que se dan en esta fase. Por una parte, tus músculos quedan paralizados bajo órdenes que el cerebro envía a la médula espinal, excepto los de los ojos, que comienzan a moverse rápidamente, acorde con la actividad del sueño. La atonía muscular o parálisis impide que la persona dormida materialice sus alucinaciones oníricas y pueda hacerse daño, por lo que tiene su importancia. Y, por otra parte, la actividad eléctrica cerebral de esta fase es rápida; es decir, durante este proceso el cerebro se activa casi en su totalidad y, para ello, necesita que el flujo de sangre sea el doble que el necesario durante el estado de vigilia. Solo una parte del cerebro deja de funcionar mientras duermes: el centro lógico. Esta es la razón por la que los sueños adquieren, muchas veces, matices de irrealidad.
Las alteraciones más típicas de esta fase son las pesadillas, el sueño REM sin atonía muscular y la parálisis del sueño.
El sueño REM se denomina también sueño paradójico (a propuesta de Jouvet, un importante investigador del sueño) debido al contraste que supone la atonía o parálisis muscular y la activación del sistema nervioso central que se dan en esta fase. Por una parte, tus músculos quedan paralizados bajo órdenes que el cerebro envía a la médula espinal, excepto los de los ojos, que comienzan a moverse rápidamente, acorde con la actividad del sueño. La atonía muscular o parálisis impide que la persona dormida materialice sus alucinaciones oníricas y pueda hacerse daño, por lo que tiene su importancia. Y, por otra parte, la actividad eléctrica cerebral de esta fase es rápida; es decir, durante este proceso el cerebro se activa casi en su totalidad y, para ello, necesita que el flujo de sangre sea el doble que el necesario durante el estado de vigilia. Solo una parte del cerebro deja de funcionar mientras duermes: el centro lógico. Esta es la razón por la que los sueños adquieren, muchas veces, matices de irrealidad.
Las alteraciones más típicas de esta fase son las pesadillas, el sueño REM sin atonía muscular y la parálisis del sueño.
¿Te imaginas recopilar esos seis años invertidos exclusivamente en sueños? ¿Cómo quedarían?
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