Si miro, mis ojos en un punto.
Si hablo, emiten sonidos mis labios.
Si oigo, no significa que escucho.
Si saboreo, no un sabor agrio.
Porque mirar un punto, se puede.
Nunca se dijo que fuera malo.
Mientras nada amenaza o se mueve,
podemos quedarnos encantados.
Porque emitir sonidos, se puede.
Con las cuerdas vocales dotados,
ni siquiera difícil parece
recitar un simple pareado.
Porque oír, lo que es oír, se puede,
todo aquel que tenga oídos, claro.
El problema, amigos, aquí viene:
cuando queremos ser escuchados.
En cuanto a los sabores, conviene,
por respeto, educación, recato,
decir que nadie tuvo ni tiene
los mismos gustos (excepto el amargo).
A mi mente llega, todo junto,
de sopetón, casi como un rayo,
que los sentidos, en su conjunto,
son imprecisos y un tanto abstractos.
¿Y el sentido del tacto? Ni tocarlo.
¿Y el olfato? Ponte el zapato.



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