Un vacío dentro. Ella sentía eso.
Un vacío dentro que allí no correspondía.
No era un vacío como el de una cantimplora que se rellena cuando vas de viaje.
O tal vez sí. Tal vez a veces se rellenaba. Quizás con un relleno ligero, como el agua transparente, fuente de vida. Quizás aquel relleno hacía tanta falta que, cuando aparecía, una boca sedienta bebía de él de inmediato. Y se acababa el relleno.
Vacío de nuevo.
Mi cantimplora cría telarañas.

Me encanto! Da placer leer maravilla como la que has redactado. Besos!
ResponderEliminarGracias! No sabes lo mucho que significa para mí que me digas eso :)
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